En el corazón de la selva de Guyana, el río Potaro se precipita desde el borde de una meseta de arenisca y cae en un solo salto de unos 226 metros hasta el fondo de un profundo desfiladero. Son las cataratas Kaieteur, una de las cascadas de caída libre más altas y poderosas del planeta y la gran joya natural del país. Lo más sorprendente es que, a diferencia de otras grandes cataratas del mundo, aquí no hay multitudes: a menudo solo un pequeño grupo de visitantes contempla el espectáculo. En esta guía te contamos todo lo que necesitas saber para visitarlas.
Las cataratas Kaieteur se encuentran dentro del Parque Nacional Kaieteur, uno de los espacios protegidos más antiguos de Sudamérica, creado en 1929. Su caída principal, de unos 226 metros, es varias veces más alta que la de las cataratas del Niágara. El agua, de color ámbar por los taninos de la vegetación, cae en una cortina blanca que se deshace en una nube de espuma y bruma, envuelta por un bosque tropical intacto.
El volumen de agua varía mucho según la estación. En la temporada de lluvias, el río baja con enorme fuerza y la cascada se ensancha de forma espectacular. En los meses más secos, el caudal es menor, pero la visibilidad suele ser mejor.
El nombre de las cataratas procede de una leyenda indígena. Según una de las versiones más conocidas, un anciano llamado Kai se sacrificó lanzándose en su canoa por la cascada para salvar a su pueblo, y desde entonces el lugar lleva su nombre, que significaría algo así como «la caída del viejo Kai».
La forma más habitual de visitar las cataratas es en una excursión de un día en avioneta desde el aeropuerto de Ogle, cerca de Georgetown. El vuelo dura aproximadamente una hora y sobrevuela la selva, con vistas espectaculares de ríos y montañas. Al aterrizar en la pequeña pista del parque, un guía acompaña a los visitantes por los senderos hasta los miradores. Muchas excursiones combinan Kaieteur con las cataratas Orinduik, cerca de la frontera con Brasil.
Para los más aventureros existen expediciones de varios días que combinan tramos en vehículo, barca por el río Potaro y caminatas por la selva hasta llegar a la parte alta de las cataratas. Es una experiencia exigente, pero permite vivir la selva de forma mucho más intensa.

Un sendero sencillo atraviesa el bosque y conduce a varios miradores naturales desde los que se contempla la cascada desde distintos ángulos. El mirador principal, al borde del acantilado, ofrece una vista frontal impresionante. No hay barandillas en muchos puntos, así que es importante seguir las indicaciones del guía.
Una de las joyas del parque es la diminuta rana dorada, que vive en el interior de las grandes bromelias que crecen junto a la cascada. Pasa gran parte de su vida en el agua acumulada entre sus hojas. Los guías saben dónde encontrarla.
Al atardecer, miles de vencejos regresan a sus nidos, situados en la pared de roca tras la cortina de agua. Es un espectáculo fascinante, aunque solo se puede ver si se pernocta en la zona o en expediciones largas.

Con suerte, en el bosque cercano se puede ver al gallito de las rocas, un ave de un color naranja intenso que figura entre las más buscadas por los amantes de la ornitología.
Las cataratas se pueden visitar durante todo el año. En la temporada de lluvias el caudal es mayor y el espectáculo más impresionante, aunque las nubes pueden obligar a retrasar o cancelar los vuelos. En las épocas más secas, el tiempo suele ser más estable. Conviene reservar con cierta flexibilidad en las fechas.
Las cataratas Kaieteur son uno de los grandes espectáculos naturales de Sudamérica y el motivo principal por el que muchos viajeros se animan a descubrir Guyana. La combinación de su altura, su entorno virgen y la tranquilidad del lugar hace de la visita una experiencia única que no olvidarás.
Si dispones de tiempo, combina la visita a las cataratas Kaieteur con unos días en la selva de Iwokrama o en la sabana del Rupununi para completar tu viaje por el interior de Guyana.
En el Parque Nacional Kaieteur, en el centro de Guyana, sobre el río Potaro.
Unos 226 metros de caída libre, varias veces la altura de las cataratas del Niágara.
Lo más habitual es en avioneta desde Georgetown, en un vuelo de aproximadamente una hora.
Sí, las excursiones en avioneta permiten visitarlas en un solo día.
La rana dorada, los vencejos y, con suerte, el gallito de las rocas.
En temporada de lluvias el caudal es mayor; en épocas secas el tiempo es más estable.
No. A diferencia de otras grandes cataratas, suelen recibir pocos visitantes al día.
Sí, muchas excursiones en avioneta incluyen ambas cataratas en el mismo día.
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