Si estás planeando un viaje a Estonia y crees que Tallin ya lo ha dicho todo, es hora de ampliar el mapa. Tartu, la segunda ciudad más grande del país, es un destino que sorprende por su ambiente intelectual, su arquitectura neoclásica y su ritmo de vida tranquilo pero vibrante. Conocida como la capital espiritual de Estonia, Tartu guarda entre sus calles empedradas y a orillas del río Emajõgi uno de los secretos mejor guardados del Báltico.
La mayoría de los viajeros que llegan a Estonia dedican todo su tiempo a la capital. Sin embargo, Tartu merece al menos dos o tres días de visita por derecho propio. Esta ciudad universitaria, hogar de la Universidad de Tartu fundada en 1632, impregna todo su entorno de energía joven, librerías, cafés bohemios y museos fascinantes. A diferencia del turismo masificado de Tallin, en Tartu se respira una autenticidad que es difícil de encontrar en otras ciudades europeas.
La distancia entre Tallin y Tartu es de apenas 185 kilómetros, por lo que moverse entre ambas ciudades en autobús o coche resulta muy sencillo. El trayecto dura aproximadamente dos horas y media, y el precio del billete de autobús es muy asequible. Si dispones de tiempo, combinar ambas ciudades hace que el viaje a Estonia sea verdaderamente completo.
El corazón de Tartu late en torno a la Plaza del Ayuntamiento, flanqueada por el elegante edificio rosado del Ayuntamiento y rodeada de cafeterías con terrazas donde los locales se reúnen a cualquier hora del día. Esta plaza es el punto de partida perfecto para explorar el centro histórico a pie. A pocos metros encontrarás la emblemática fuente de los estudiantes que se besan, símbolo de la ciudad y lugar favorito para las fotografías de recuerdo.
Las ruinas de la Catedral de Toome, ubicadas en lo alto de la colina que da nombre al parque, son uno de los elementos más fotogénicos de la ciudad. Construida en el siglo XIII y parcialmente restaurada en el XIX para albergar la biblioteca universitaria, esta catedral en ruinas ofrece unas vistas espectaculares sobre los tejados de Tartu y el río Emajõgi. Pasear por la colina de Toome al atardecer es una experiencia que pocas ciudades europeas pueden igualar.
El Museo de Arte de Tartu alberga una de las colecciones más importantes del país, con obras de artistas estonios desde el siglo XVIII hasta la actualidad. El edificio en sí, un antiguo palacio neoclásico, ya merece la visita. Para los amantes del arte y la cultura, este museo es una parada obligatoria que permite entender la identidad artística estonia a través de los siglos.
La Universidad de Tartu cuenta con su propio museo en el magnífico edificio principal, donde se expone la historia de esta institución académica fundada hace casi cuatro siglos. La colección incluye instrumentos científicos históricos, manuscritos y obras de arte que ilustran el papel fundamental que esta universidad ha desempeñado en el desarrollo cultural y científico del país.
La escena culinaria de Tartu ha experimentado una verdadera revolución en los últimos años. Aunque la gastronomía estonia tradicional merece un artículo aparte, en esta ciudad encontrarás desde modernos restaurantes de cocina de autor hasta acogedoras cafeterías donde desayunar con un tazón de sopa de centeno y pan negro recién horneado. El mercado central de Tartu es el lugar ideal para comprar productos locales, desde quesos y embutidos hasta conservas de frutos del bosque.
El barrio de Supilinn, conocido como el «barrio de la sopa», es el rincón más auténtico de la ciudad, con sus casas de madera de colores y sus pequeños cafés escondidos entre jardines. Este barrio bohemio es el favorito de los estudiantes y artistas locales, y en él encontrarás algunos de los mejores restaurantes veganos y de cocina alternativa del país.
La mejor época para visitar Tartu es entre mayo y septiembre, cuando el clima es templado y la ciudad bulle de actividad gracias a los festivales culturales, los conciertos al aire libre y los mercados estivales. El verano estonio es breve pero intenso, con largas horas de luz que permiten aprovechar al máximo cada jornada. En invierno, la ciudad adquiere un encanto nórdico especial, especialmente en los días con nieve, aunque las temperaturas pueden bajar considerablemente.
Llegar a Tartu desde el aeropuerto de Tallin es sencillo y económico. La empresa Lux Express y otras compañías de autobuses ofrecen salidas frecuentes durante todo el día. También existe la opción de alquilar un coche desde la capital, lo que permite explorar el camino entre ambas ciudades con más libertad, haciendo paradas en pequeños pueblos y parques naturales como el parque nacional de Lahemaa.
Con dos días completos en Tartu tendrás tiempo suficiente para visitar los principales museos, pasear por el centro histórico y explorar el barrio de Supilinn. Si quieres disfrutar de la ciudad con calma y descubrir sus rincones menos conocidos, lo ideal es dedicarle tres días.
Tartu es una de las ciudades más seguras de Europa. La criminalidad es muy baja y los habitantes son amables y serviciales con los visitantes extranjeros. Al igual que en toda Estonia, el nivel de digitalización es muy alto, por lo que pagar con tarjeta de crédito o móvil es posible prácticamente en cualquier establecimiento.
Sí, el inglés tiene un nivel muy alto en Tartu, especialmente entre la población joven y universitaria. En hoteles, restaurantes y museos no tendrás ningún problema para comunicarte en inglés. El español es menos frecuente, aunque en el sector turístico cada vez hay más personal hispanohablante.
Estonia es miembro de la zona euro desde 2011, por lo que la moneda oficial es el euro. No necesitarás cambiar divisas si viajas desde cualquier país de la eurozona. Los pagos con tarjeta están ampliamente aceptados y el uso del efectivo es cada vez más residual en este país digitalmente avanzado.
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