Guyana ya es de por sí uno de los países menos visitados de Sudamérica, pero incluso aquí la mayoría de los viajeros se limita a Georgetown y a una excursión de un día a las cataratas Kaieteur. Más allá se extiende un territorio casi desconocido: selvas donde se camina entre las copas de los árboles, sabanas donde las nutrias gigantes juegan en los ríos, aldeas indígenas que reciben a los visitantes como invitados y cascadas escondidas en la frontera con Brasil. Estos son los lugares secretos de Guyana para quienes quieren vivir una aventura auténtica.
En el bosque de Iwokrama, una pasarela suspendida a unos 30 metros de altura permite caminar entre las copas de los árboles. Al amanecer y al atardecer, desde sus plataformas se pueden ver aves como tucanes, loros y cotingas, y con suerte monos aulladores o arañas. Es una de las experiencias más especiales del país.

En la confluencia de los ríos Rewa y Rupununi, la comunidad de Rewa gestiona un eco-lodge desde el que se organizan excursiones en canoa, pesca de captura y suelta y observación de fauna. Es uno de los mejores lugares para ver el arapaima, el pez de escamas de agua dulce más grande del mundo.
Esta aldea del pueblo makushi, rodeada de selva y sabana, es un referente del turismo comunitario en Guyana. Sus guías llevan a los visitantes a subir la montaña de Surama al amanecer, a recorrer el río en canoa y a buscar el águila harpía en la selva.
En plena sabana del Rupununi, este antiguo rancho ganadero es famoso por su labor en la protección de las nutrias gigantes, que se pueden ver en los ríos cercanos. También es un buen lugar para observar osos hormigueros gigantes y los enormes nenúfares que florecen en sus lagunas.
Estas montañas cubiertas de bosque, que se alzan sobre la sabana del Rupununi, son un área protegida con una biodiversidad extraordinaria. Sus senderos y ríos permiten descubrir un ecosistema apenas explorado.

En el río Ireng, en la frontera con Brasil, el agua cae en escalones de jaspe rojizo formando pozas naturales en las que es posible bañarse. Son mucho menos conocidas que Kaieteur y un lugar perfecto para refrescarse.
Esta pequeña localidad del sur es la puerta de entrada al Rupununi. Su ambiente de pueblo fronterizo, con influencias brasileñas e indígenas, y su famoso rodeo de Semana Santa la convierten en una parada interesante.
En la costa noroeste, esta remota playa de conchas es uno de los principales lugares de anidación de tortugas marinas del país. En la temporada de desove, varias especies, entre ellas la gigantesca tortuga laúd, llegan a la playa por la noche.
En una pequeña isla del estuario del Essequibo se conservan las ruinas de este fuerte holandés del siglo XVIII y un antiguo tribunal colonial. Llegar en barca por el gran río es parte de la aventura.
Una comunidad indígena a orillas de un río, a poca distancia de Georgetown, a la que se llega en barca. Sus habitantes elaboran artesanía tradicional y reciben a los visitantes para mostrarles su forma de vida. Es una excursión perfecta si tienes poco tiempo.
Explorar estos lugares secretos de Guyana permite descubrir la verdadera esencia de uno de los últimos grandes territorios salvajes del planeta. Además, alojarse en lodges comunitarios contribuye directamente a la economía de las comunidades indígenas y a la conservación de la selva.
Una ruta de diez días puede combinar varios de estos rincones: vuelo a Kaieteur y Orinduik, varios días entre Iwokrama y Surama, y un final en Rewa o Karanambu, en plena sabana del Rupununi. Si viajas en temporada de anidación, añade Shell Beach, y si tienes poco tiempo, reserva una mañana para visitar Santa Mission desde Georgetown. Ten en cuenta que los traslados en el interior dependen del tiempo y de los horarios de las avionetas, así que conviene dejar algún día libre en el itinerario por si hay retrasos o cambios de última hora.
Una pasarela suspendida a unos 30 metros de altura que permite caminar entre las copas de los árboles.
En los ríos de la sabana del Rupununi, especialmente en la zona de Karanambu.
Una aldea makushi que ofrece turismo comunitario en la selva y la sabana.
Sí, en sus pozas naturales formadas sobre escalones de jaspe.
En Shell Beach, en la costa noroeste, durante la temporada de anidación.
Uno de los peces de agua dulce más grandes del mundo, que vive en los ríos del Rupununi.
En avioneta hasta Lethem o Annai, o por carretera desde Georgetown.
Sí, como la visita en barca a la comunidad indígena de Santa Mission.
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