Nazaret es una de las ciudades más cargadas de historia y espiritualidad de todo Oriente Próximo. Ciudad natal de Jesús de Nazaret según los Evangelios, este enclave del norte de Israel es hoy una ciudad árabe viva y moderna que mezcla con naturalidad la profundidad de su herencia religiosa con el bullicio de una gran urbe contemporánea. Situada en la Baja Galilea a unos trescientos metros sobre el nivel del mar, Nazaret es un destino imprescindible para peregrinos, viajeros curiosos y amantes de la historia. En esta guía te contamos todo lo que ver, hacer y disfrutar en Nazaret.
La Basílica de la Anunciación es el monumento cristiano más grande de todo Oriente Próximo y el punto de referencia espiritual y arquitectónico de Nazaret. Construida sobre las ruinas de iglesias anteriores de los siglos IV y XII, la basílica actual fue inaugurada en 1969 y ocupa el lugar donde, según la tradición cristiana, el ángel Gabriel anunció a María que sería la madre de Jesús.
El edificio es impresionante desde el exterior, con su gran cúpula en forma de flor de lirio que domina el skyline de la ciudad, pero su interior resulta aún más sorprendente. Las paredes están decoradas con mosaicos y paneles donados por comunidades católicas de todo el mundo, cada uno representando a la Virgen María con los rasgos artísticos de su cultura de origen: la Virgen japonesa viste kimono, la africana porta telas de colores vivos, la latinoamericana luce vestimentas indígenas. El resultado es un recorrido visual por la fe universal que resulta emocionante independientemente de las creencias del visitante.
Bajo la basílica, en la cueva que se conserva como el lugar exacto de la Anunciación, se puede contemplar la gruta original donde, según la tradición, vivía la familia de María. Este espacio subterráneo es especialmente íntimo y recogido, y contrasta con la grandiosa arquitectura que lo rodea.
Más allá de sus monumentos religiosos, Nazaret tiene un centro histórico extraordinario que muy pocos viajeros se toman el tiempo de explorar en profundidad. El zoco árabe, que se extiende por las calles que rodean la basílica, es uno de los mercados más auténticos del norte de Israel, con puestos de especias, tiendas de artesanía, pastelerías orientales y cafés donde el café árabe con cardamomo se sirve en pequeñas tazas de cerámica pintada.
Las callejas del casco antiguo guardan además algunas sorpresas arquitectónicas notables. Las antiguas mansiones del período otomano, con sus patios interiores decorados con arcos de piedra y fuentes de mármol, conviven con restaurantes que sirven una de las mejores cocinas árabes del país. El restaurante Diana y el Tishreen son dos de los más celebrados, y sus platos de kibbe, falafel casero y mezze variado han puesto a Nazaret en el mapa gastronómico israelí.
Nazaret concentra una extraordinaria densidad de lugares sagrados para el cristianismo. La Sinagoga donde según los Evangelios predicó Jesús en su ciudad natal (y donde fue rechazado por sus vecinos) se halla en el centro de la ciudad vieja, sobre el solar de la sinagoga original, y hoy está integrada en una iglesia melquita. Cerca de allí, la Fuente de María o Fuente del Arcángel es el único manantial de agua de la antigua Nazaret, y la tradición la identifica como el lugar donde María recibió la primera visita del ángel.
La Iglesia de San José, construida sobre lo que la tradición identifica como el taller de carpintería de José, padre adoptivo de Jesús, es otro de los puntos ineludibles del recorrido espiritual por la ciudad. Bajo la iglesia pueden visitarse excavaciones arqueológicas que muestran restos de viviendas del período del Segundo Templo, lo que aporta una dimensión histórica concreta al relato evangélico.
Una de las mayores sorpresas que reserva Nazaret para el viajero que llega con expectativas puramente religiosas es descubrir que es una ciudad árabe israelí plenamente viva, con una población de más de setenta mil habitantes, universidades, hospitales, teatros y una escena cultural propia que nada tiene que envidiar a otras ciudades israelíes.
La ciudad nueva, que rodea el casco histórico, tiene una oferta de alojamiento y restauración cada vez más sofisticada. En los últimos años, varios hoteles boutique han abierto sus puertas en edificios históricos restaurados, ofreciendo una alternativa diferente al turismo de paso. La iniciativa Fauzi Azar Inn, por ejemplo, es una antigua mansión árabe del siglo XVIII convertida en hostel de diseño que se ha convertido en un referente del turismo responsable y comunitario en todo Israel.
Junto a la Nazaret árabe, en las colinas que dominan la ciudad desde el este, se extiende Nof HaGalil (antes llamada Nazaret Ilit), una ciudad judía fundada en los años cincuenta del siglo XX que hoy tiene más de cuarenta mil habitantes. Desde sus calles elevadas se contempla una de las mejores panorámicas del Valle de Jezreel y de la Baja Galilea, con sus campos de olivos y sus aldeas árabes diseminadas entre las colinas.
La relación entre las dos ciudades es compleja y fascinante, y es en sí misma una metáfora de la sociedad israelí en su conjunto. Los mercados, restaurantes y espacios culturales de la Nazaret árabe atraen cada vez más a visitantes de Nof HaGalil, y la convivencia cotidiana entre las dos comunidades ofrece una perspectiva única sobre la realidad del Israel contemporáneo que ningún libro de viajes puede capturar del todo.
La ubicación de Nazaret en el corazón de la Galilea la convierte en una base perfecta para explorar uno de los territorios más ricos de Israel. El Mar de Galilea (lago Kinneret) está a tan solo media hora en coche, con sus aguas tranquilas, sus playas de basalto negro y los lugares sagrados de Cafarnaúm, Tabgha y el Monte de las Bienaventuranzas.
El Monte Tabor, identificado por la tradición cristiana como el lugar de la Transfiguración de Jesús, se alza justo a las afueras de Nazaret y puede visitarse en una mañana. Tzfat, la ciudad mística de la Cábala, y las cascadas de Banias en los Altos del Golán están también a menos de una hora de distancia. Nazaret es, en definitiva, una ciudad que no solo merece una visita por sí misma, sino que puede ser el corazón de toda una semana de exploración por una de las regiones más fascinantes de Israel.
El mejor momento para visitar Nazaret es entre marzo y mayo o entre septiembre y noviembre, cuando las temperaturas son suaves y la luz mediterránea es especialmente hermosa. En verano el calor puede ser intenso, aunque el ambiente festivo de la ciudad árabe compensa con creces cualquier incomodidad. Recuerda que muchos establecimientos cierran los viernes por la tarde y los domingos por motivos religiosos, y que durante el Ramadán el ritmo de la ciudad árabe cambia de forma significativa.
Para llegar a Nazaret desde Tel Aviv o Haifa lo más cómodo es el autobús interurbano o el coche de alquiler. No existe una estación de tren en el centro de la ciudad, aunque la línea de Kfar Yehoshua se acerca relativamente. Una vez en Nazaret, la mejor manera de explorar el casco antiguo es a pie, perderse por sus calles sin prisa y dejarse guiar por el olfato hasta la siguiente pastelería árabe que vaya apareciendo en el camino.
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