Mucha gente me pregunta si es posible viajar a Israel sin agencia, organizándose todo por su cuenta. Y mi respuesta siempre es la misma: no solo es posible, sino que es la mejor manera de descubrir este país absolutamente fascinante. Israel es un destino que se presta perfectamente al viaje independiente, siempre que vayas con la información correcta y un poco de flexibilidad en el itinerario. Así que si estás pensando en dar el paso, quédate porque te cuento todo lo que necesitas saber.
Israel es un país pequeño en superficie pero enorme en contenido. En apenas dos semanas puedes ver muchísimo, y si organizas bien tu tiempo puedes visitar desde los lugares santos de Jerusalén hasta las playas de Tel Aviv, pasando por el desierto del Néguev, el Mar de Galilea y la ciudad de Petra en Jordania si te animas a cruzar la frontera. La infraestructura turística es excelente y el transporte público, aunque no tan extendido como en Europa, es funcional y económico.
Además, viajar por libre te da una libertad que ningún paquete organizado puede darte. Puedes quedarte más tiempo en un lugar que te enamora, cambiar de planes si el tiempo no acompaña, o meterte en ese restaurante del mercado local que no aparece en ninguna guía pero que huele de maravilla.
El clima en Israel varía muchísimo según la época del año y la zona del país. Los meses ideales para visitar Israel son la primavera (marzo-mayo) y el otoño (septiembre-noviembre). Las temperaturas son agradables, no hay excesivo calor y las lluvias son mínimas. Evita el verano si puedes: el calor en algunas zonas como el Mar Muerto o el desierto del Néguev puede ser brutal, con picos de más de 40 grados.
Antes de reservar los vuelos, revisa bien el calendario de fiestas judías. Durante el Yom Kipur, prácticamente todo el país se para: no hay vuelos, no hay transporte público, los comercios cierran y el ambiente es de recogimiento total. Si vas durante el Pésaj o el Rosh Hashaná, muchos hoteles se llenan y los precios suben. No es que no puedas ir, pero debes saberlo de antemano para no llevarte sorpresas.
El principal punto de entrada al país es el Aeropuerto Internacional Ben Gurión, situado a unos 20 kilómetros de Tel Aviv. Desde España hay vuelos directos con varias compañías, aunque la oferta puede variar según la temporada. Si vuelas con aerolíneas de bajo coste, a veces puedes encontrar precios muy competitivos, especialmente si reservas con varios meses de antelación.
Una cosa que sorprende a casi todos los viajeros que llegan por primera vez es la rigurosidad de los controles de seguridad israelíes. Son los más estrictos del mundo y funcionan de manera diferente a los que estamos acostumbrados en Europa. En el aeropuerto te harán preguntas sobre el propósito de tu viaje, quién te espera, si llevas regalos de extraños… No te pongas nervioso: es un procedimiento estándar. Responde con tranquilidad y honestidad y no tendrás ningún problema.
El sistema de transporte en Israel tiene sus particularidades. Lo más importante que debes saber es que durante el Shabbat (de viernes al atardecer hasta el sábado por la noche) el transporte público prácticamente no funciona. Los autobuses dejan de circular en casi todo el país y los trenes también paran en muchas ciudades. Así que si tienes que moverte un sábado, prepárate para coger taxi o usar Uber, que sí está disponible.
Para moverte entre ciudades, el autobús es la opción más económica y frecuente. La empresa Egged opera la mayoría de las rutas interurbanas y tiene conexiones entre casi todas las ciudades importantes del país. Los precios son bastante razonables y las frecuencias son buenas. La tarjeta Rav-Kav es el equivalente israelí a nuestra tarjeta de transporte y puedes usarla en autobuses y trenes de toda la red pública.
Israel ha invertido mucho en su red ferroviaria en los últimos años y el tren es una opción muy cómoda para algunos trayectos, especialmente entre Tel Aviv y el aeropuerto, o entre Tel Aviv y Haifa. Los trenes son modernos, puntuales y están climatizados. Muy recomendables.
El alojamiento en Israel puede ser caro comparado con otros destinos mediterráneos, pero hay opciones para todos los bolsillos. En Tel Aviv y Jerusalén encontrarás hostels de muy buena calidad donde puedes dormir por unos 25-40 euros la noche en habitación compartida. Los kibbutz también ofrecen alojamiento, una experiencia muy original y auténtica que te permite conocer de cerca la vida comunitaria israelí.
Si tu presupuesto lo permite, te recomiendo pasar al menos una noche en un hotel con vistas al casco antiguo de Jerusalén. Ver la Ciudad Vieja iluminada al amanecer desde tu ventana es una de esas experiencias que no se olvidan. También merece la pena dormir una noche en un resort junto al Mar Muerto, donde puedes disfrutar de los tratamientos de spa con el barro y las aguas ricas en minerales.
Aquí te propongo una ruta que funciona muy bien para una primera visita de 10 días:
Días 1 y 2: Llegada a Tel Aviv. Paseo por el barrio de Florentin, Mercado Carmel y playa al atardecer.
Días 3, 4 y 5: Jerusalén. La Ciudad Vieja, el Muro de las Lamentaciones, el Santo Sepulcro, el barrio judío y árabe, y el Yad Vashem.
Día 6: Excursión al Mar Muerto desde Jerusalén. Baño flotante y tratamientos de barro.
Días 7 y 8: Norte del país. Haifa, los jardines bahái y el Mar de Galilea.
Día 9: Desierto del Néguev y Mitzpe Ramon, el cráter más grande del mundo.
Día 10: Regreso a Tel Aviv y vuelo de vuelta.
Israel no es el destino más barato, pero tampoco es imposible si llevas bien las cuentas. Con un presupuesto de entre 80 y 120 euros al día puedes viajar muy bien: alojamiento en hotel de dos o tres estrellas, transporte público, comidas en restaurantes locales y entradas a los principales monumentos. Si optas por hostels y comes más en mercados, puedes bajar a 50-60 euros al día sin problema. El gran gasto suele ser el vuelo, así que ahí es donde conviene buscar bien y con tiempo.
Israel te va a sorprender más de lo que imaginas. Es un país complejo, lleno de contradicciones, de historia y de una hospitalidad que pocas veces vas a encontrar en otro lugar del mundo. Si tienes la oportunidad de viajar por libre y a tu ritmo, hazlo. No te vas a arrepentir.
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