Aviso de seguridad: a fecha de publicación, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España desaconseja viajar a Sudán del Sur bajo cualquier circunstancia por el riesgo de conflicto armado, delincuencia violenta y secuestros, y otros gobiernos mantienen la recomendación de no viajar. Este artículo tiene un fin informativo. Antes de plantearte cualquier viaje, consulta las recomendaciones de viaje oficiales y no viajes mientras se mantenga esta advertencia.
Entre el humo de las hogueras y el sonido de miles de reses, a orillas del Nilo Blanco, vive el pueblo mundari, una de las comunidades pastoras más fascinantes de África. Sus campamentos, poblados por ganado de cuernos gigantescos y jóvenes cubiertos de ceniza, han dado la vuelta al mundo a través de la fotografía. Pero detrás de esas imágenes hay una cultura compleja, en la que las vacas son riqueza, identidad y vida. En este artículo te contamos quiénes son los mundari, cómo viven y qué significa para ellos su ganado.
Los mundari son un grupo étnico nilótico que habita principalmente en la región de Terekeka, en el estado de Equatoria Central, al norte de Juba. Son una comunidad relativamente pequeña comparada con los dinka o los nuer, pero con una identidad muy marcada. Tradicionalmente combinan el pastoreo con la pesca en el Nilo y algo de agricultura.
Su territorio es una llanura atravesada por el río, que se inunda durante la estación de lluvias. Por eso, a lo largo del año los mundari se desplazan con su ganado entre las zonas altas y las orillas del Nilo, donde instalan sus campamentos durante la estación seca.

El ganado de los mundari, conocido como ankole-watusi, es famoso por sus enormes cuernos en forma de lira. Cada animal tiene nombre y una historia, y sus dueños conocen su genealogía. Una familia puede tener decenas o cientos de cabezas, que representan su patrimonio, su estatus social y su seguridad.
Para el pueblo mundari, las vacas rara vez se sacrifican para comer. Se aprovecha sobre todo su leche, que es la base de la dieta en los campamentos. El ganado se utiliza además para pagar la dote en los matrimonios, resolver disputas y sellar alianzas. Muchos jóvenes dedican canciones y bailes a su buey favorito, con el que establecen un vínculo casi personal.
Al caer la tarde, el ganado regresa al campamento y se encienden hogueras de estiércol seco. El humo ayuda a alejar a los mosquitos y las moscas, que transmiten enfermedades. Con la ceniza de estas hogueras, los mundari se cubren la piel para protegerse del sol y de los insectos, y también la frotan sobre las vacas.
Cada día los jóvenes masajean a los animales, limpian su piel y los peinan. Una de las costumbres más llamativas es el uso de la orina de vaca para lavarse; con el tiempo, su contenido en amoníaco aclara el cabello de los jóvenes, que adquiere tonos anaranjados.
El robo de ganado es un problema grave en toda la región y provoca enfrentamientos entre comunidades. Por ello, los campamentos están vigilados por hombres armados que protegen día y noche a los animales. Esta realidad refleja la dureza del entorno en el que viven.

La lucha es una de las actividades más importantes para los jóvenes mundari. Los combates, que se celebran sobre todo en la estación seca, son una forma de demostrar fuerza, valor y honor, y reúnen a comunidades enteras. En Juba también se organizan torneos en los que participan luchadores de distintos grupos étnicos.
Algunos mundari lucen escarificaciones en el rostro, que tradicionalmente marcaban el paso a la edad adulta y la pertenencia al grupo. También son habituales los collares, brazaletes y adornos de cuentas.
Las canciones dedicadas al ganado, las danzas al ritmo de tambores y los cantos colectivos acompañan las celebraciones, las bodas y los reencuentros en los campamentos.
Los mundari se enfrentan a desafíos importantes: los conflictos por el ganado, las inundaciones cada vez más intensas, el acceso limitado a la educación y la sanidad, y los cambios que trae la modernidad. Su forma de vida, adaptada durante siglos al ritmo del Nilo, es hoy más frágil que nunca.
Antes de la actual situación, algunos operadores especializados organizaban visitas a los campamentos desde Juba. Si algún día las advertencias oficiales lo permiten, es fundamental viajar con guías locales, pedir permiso antes de fotografiar, respetar a los animales y a las personas y asegurarse de que la visita beneficie a la comunidad. Mientras tanto, documentales, libros y reportajes fotográficos son la mejor manera de conocer su cultura.
En Sudán del Sur, principalmente en la región de Terekeka, a orillas del Nilo Blanco, al norte de Juba.
La ceniza de las hogueras de estiércol les protege del sol y de los insectos, y también la aplican al ganado.
Ganado ankole-watusi, famoso por sus enormes cuernos en forma de lira.
Rara vez. El ganado es un símbolo de riqueza; se aprovecha sobre todo la leche y se sacrifica en ocasiones especiales.
Porque se lavan el cabello con orina de vaca, cuyo amoníaco aclara el pelo con el tiempo.
Para proteger el ganado de los robos, un problema grave que provoca conflictos entre comunidades.
Operadores especializados organizaban visitas desde Juba, pero actualmente España desaconseja viajar a Sudán del Sur.
La lucha tradicional, muy popular entre los jóvenes, que se celebra sobre todo durante la estación seca.
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